viernes 7 de noviembre de 2008

Del yo elemental

EL YO QUE SE EXTRAVIÓ


Alguna vez leí una célebre de William Shakespeare que dictaba que era más fácil llegar a lo que realmente somos que a aquello que queremos o pretendemos ser. En mi elemental opinión, el señor de la tierra de la reina y el té estaría errado si se pretendiese aplicar su sentencia a las generaciones contemporáneas que rondan por ésta mi ciudad. Acercarnos a lo que somos en verdad demanda en primera instancia la respuesta a la nunca arcaica y siempre trascendental pregunta ¿quién soy?; pues bien, si Sócrates desperdició su vida en tan banal y ocioso interrogante, dudo mucho que mis productivos, saturados, estresados y esnobistas colegas de siglo se atrevan a hacerlo.

Abandonar sus elegantes oficinas para salir a un trozo de bosque artificial – conocido también como zonas verdes – y sentarse a ¿meditar? (creo que ese término es prestado de una religión oriental) al respecto, no lo creo factible; o imaginar a las jóvenes promesas dejando a un lado sus máquinas de realidad virtual para ¿pensar? (hace mucho que no lo hacen) en ello, tampoco es concebible; o sacrificar mis casi eternas jornadas frente al computador para ¿acaso responder?, no way! dirían mis neuronas… En definitiva, acercarnos a lo que realmente somos es imposible por una simple razón: no nos interesa, ya que somos protagonistas y guionistas de un paradigma cuyo eslogan por excelencia ha de ser confunde y reinarás, como dijo mi pariente de chaqueta roja; sea dicho, hazte interesante por tu imagen misteriosa y estilo innovador; pretende ser tú pero no sé tú, como suscitó Joan Ferrer.

En una dimensión tan trivial como la nuestra, el snob te impide ser, te demanda pretender: pretende ser médico exitoso como Dr. House, pero no por ello sé tan buen médico como él, pretende ser digno de una portada SPORT ILLUSTRATED, pero no te esfuerces por optimizar tu potencial, ten en cuenta que la fama y popularidad deportiva generan mejores ingresos que el reconocimiento de un trofeo o medalla olímpica. Anhela ser un intelectual, pero no te esfuerces más allá de la bufanda, el café negro y el incienso que aderezaron la bohemia, cultiva bien tus palabras pero cuida de no parecer un plagiario de los grandes autores, podrías delatar tu verdadero yo.

Esta no es quizás la normativa que rige en absoluto mi prole coetánea, pero sí tal vez el dogma catalizador en esa imparable evolución del homo sapiens, la catapulta a la complejidad humana que lo alejo de lo esencial y elemental de su yo.



E. LEYDY LÓPEZ
LIC. EN ESPAÑOL Y LITERATURA
U.I.S.

miércoles 13 de agosto de 2008

Ausencia


Añoranza


¿Miedo? ¿Terror?


Abandono


lunes 11 de agosto de 2008

Inocencia


jueves 21 de febrero de 2008

Lo primitivo de la imagen!


LA IMAGEN: tan primitivamente significativa.

Cuando se me asignó el diseño de un afiche promocional de la lectura, pensé en las miles de veces que consideré nula mi creatividad y que por tanto nunca habría de ser diseñadora gráfica o publicista; pues bien, heme aquí, cursando una licenciatura en español y literatura y haciendo eso que me habría correspondido hacer en cualquiera de las ya nombradas profesiones.


Pretender publicitar una actividad tan altruista como la lectura no ha de ser tan simple como promocionar el maquillaje, los accesorios deportivos, los autos y demás adquisiciones triviales que invaden nuestros televisores, ésta ha de ser impactante y sólida como para acaparar toda clase de edades y toda clase de lectores, activos o en potencia. Ha de ser de tan amplia onda su frecuencia, que hasta el más apático de los radares humanos deberá sentir su seducción y poder de convocatoria. Entonces pensé en lo que significa leer… ¿qué carajos es leer?


Lingüísticamente, leer podría definirse como pasar la vista por lo escrito o impreso comprendiendo la significación de los caracteres empleados, sean estos caracteres ese sistema de representación tan asombroso como lo es el alfabeto. No obstante, una segunda definición vendría a mi mente cuando pienso que el texto no se compone tan sólo de vocales y consonantes, y recordé en aquel instante lo que solía leer desde muy pequeña, fue así como inferí que leer significa también comprender el sentido de cualquier otro tipo de representación gráfica: Leer la hora, una partitura, un plano.


Tras una nueva meditación, deduje que no sólo existen tipos de contenidos por leer, sino también tipos de texto como tal, y tipos de lectura e interpretación. En tan filosófico estado de nostalgia, recordé mis clases de taller de lenguaje I, evoqué a Umberto Eco y su texto de lectura abductiva. Para entonces, apenas pretendía dimensionar en mi virginal cerebro lo que podría ser una lectura inductiva o deductiva, sin embargo, antes de saber que aquello que me induce a nueva información o me ayuda a deducir - en la lectura - puede ser significativo, entendí que la abducción es eso mismo pero sin parámetros tan psicorígidos y con nuevos objetivos: el de perseguir, abducir y pretender delatar un ilícito, un polisón, proponer – en última instancia – una nueva tesis o interpretación per se.


De modo consecuente – más que paralelo - encontré que la lectura significaría para esta circunstancia un descubrir por indicios ¿qué descubrimos? Los sentimientos o pensamientos de alguien, o algo oculto que ha hecho o le ha sucedido. Puede leerse la tristeza en su rostro. Me has leído el pensamiento. Leo en tus ojos que mientes, adivinar algo oculto mediante prácticas esotéricas. Leer el futuro en las cartas, en las líneas de la mano, en una bola de cristal. Como también descifrar un código de signos supersticiosos para adivinar algo oculto. Leer las líneas de la mano, las cartas, el tarot.


Dicho en concreto, leer ya no es consultar, es ante todo, un proceso de descubrimiento y experiencia tan válido como las acciones en un laboratorio de ciencia, un acto que nos exige usar nuestros virginales cerebros para descifrar – como ya se indicó – y que por tanto amerita mejores e innovadoras técnicas de escritura, tan óptimamente representativas como sólo una imagen podría ser, por ello, concluyo que leer es evolucionar.



Alexas Guerre